Alteraciones conducta con azúcar refinado, carne, bebidas alcohólicas, cafeina

Alimentación y agresividad

Existen indicios fundados de que ciertos productos alimentarios presentes en la dieta occidental, asociados a la carencia de vitaminas, minerales y ácidos grasos esenciales, favorecen a la conducta violenta.

La relación entre la alimentación y el carácter o la conducta ha sido objeto de controversia entre los científicos desde hace siglos, a pesar de que está clara para la sabiduría popular. Solo desde hace unas décadas, se han empezado a publicar estudios que muestran una relación objetiva entre lo que se come y lo que se es.
Uno de los primeros pasos para confirmar que ciertos alimentos pueden favorecer la conducta violenta, se dio en la Universidad de Wales Swansea (Reino Unido). Allí se ha comprobado que las dietas de eliminación, en las que se suprimen ciertos productos “sospechosos”, reducen la agresividad.
Entre los productos sospechosos que pueden favorecer la hiperactividad e incluso la conducta violenta, destacan los siguientes:
Ciertos aditivos artificiales (principalmente los colorantes).
Los alimentos procesados industrialmente.
Los azúcares refinados.
Las carnes.
Las bebidas alcohólicas.
Sustancias estimulantes como la cocaína y en menor grado la cafeína.
Si la eliminación de un producto de la dieta es capaz de mejorar la conducta de una persona agresiva, queda confirmada la relación entre la alimentación y la violencia. Aunque faltan aún muchas investigaciones, con lo que ya se sabe sería suficiente como para al menos contribuir a frenar el incremento de la violencia y de la agresividad en el mundo.

Hipoglucemia

Estudios realizados en la Universidad de Helsinki muestran que las personas agresivas tienen una menor tolerancia a la glucosa, y sufren hipoglucemia reactiva después del consumo de azúcares. Además, presentan niveles bajos de serotonina en el cerebro. Ambas alteraciones se potencian por el consumo de bebidas alcohólicas. La hipoglucemia o bajo nivel de glucosa en la sangre, puede producirse como una reacción tras el consumo de productos ricos en azúcares refinados y pobres en fibra, tales como los dulces, pasteles y caramelos. Se ha visto que ciertas personas son más sensibles al aumento en el nivel de glucosa causado por los productos dulces, y reaccionan con un descenso más acusado. Estas fluctuaciones en el nivel de glucosa en sangre, favorecen la conducta agresiva.
De acuerdo con estas investigaciones, las personas que tengan tendencia a la conducta agresiva o violenta, deberían:

Evitar especialmente la combinación de azúcares refinados y alcohol.
Aumentar la ingesta de alimentos ricos en triptófano, precursor de la serotonina (Buenas fuentes de triptófano son los porotos, frijoles o judías y otras legumbres, así como los frutos secos y los cereales integrales)

Carencia de vitaminas y minerales

Uno de los estudios más relevantes lo desarrolló la Universidad de Oxford con presos de cárceles del Reino Unido: los que recibieron suplementos de vitaminas, minerales y ácidos grasos esenciales durante al menos dos semanas, cometieron un 35% menos de infracciones o delitos que sus compañeros de prisión.
Los investigadores de este estudio concluyeron que una alimentación deficitaria en vitaminas, minerales y ácidos grasos esenciales, como la típica comida rápida, favorece la conducta antisocial y violenta.
Otro estudio realizado por la Universidad del Estado de California (Estados Unidos) con jóvenes de 13 a26 años internados en reformatorios, confirma que una alimentación equilibrada según las recomendaciones de la OMS, y rica en vitaminas y minerales, reduce a la mitad los casos de conducta antisocial.

Carencia de ácidos grasos esenciales

Los ácidos grasos esenciales son grasas que el cuerpo no puede producir a partir de otras, y por tanto, deben ser ingeridas con la alimentación.
Estas grasas esenciales son necesarias para formar las membranas de las neuronas. Se conocen dos tipos de ácidos grasos esenciales, ambos poliinsaturados:

Ácidos grasos omega-3: El más importante es el ácido alfal-linolénico (18:3), conocido por las siglas ALA.
Las principales fuentes alimentarias del ácido graso esencial alfa-linoléico (ALA) son:
– Semillas de lino
– Nueces y otros frutos secos
– Soja (semillas, aceite y leche de soja, pero no en los extractos de proteína de soja)
– Ciertas verduras de hoja como la hierba de los canónigos (Valerianella locusta, lechuga silvestre que crece en muchos campos de Europa) y la verdolaga (Portulaca oleracea)
-Leche materna

Ácidos grasos omega-6: El más importante es el ácido linoleico (18:2), que se encuentra en toda clase de frutos secos y semillas (girasol, maíz, calabaza, etc.).
Se sabe que la carencia de estos ácidos grasos esenciales, presentes principalmente en los frutos secos, las semillas y otros alimentos vegetales, favorece la conducta agresiva y violenta. La carencia de omega-3 también favorece la depresión.

Fuente: Dr. Jorge Pamplona Roger, Guía práctica para el cuidado del cuerpo, Casa Editora Sudamericana, pág. 90.

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